Ya oigo los gritos de la buena gente escandalizada; “Pues este, claro que no ama a su hija”. De acuerdo, he puesto un titular un tanto provocativo pero mi intención no es otra que invitaros a una reflexión distinta, desenfadada y honesta.
Esta relación de amor que siente uno hacia su progenitura y en general de sobre protección es algo sorprendente y más aún cuando parece que somos esclavos devotos. En cierta manera nuestros hijos nos secuestran a veces con nuestro consentimiento y en ocasiones contra nuestra voluntad.
Nos sentimos agotados, pero a la vez culpables y nos mentalizamos que no hacemos lo suficiente por el pobre retoño y que es él la victima.
Así que me pregunto si de verdad amamos tanto a nuestros hijos, si realmente existe este instinto animal o sí simplemente sufrimos el síndrome de Estocolmo.
Añado más elementos que, lo siento, van a haceros compartir mi duda.
Primero es obvio que no somos objetivos y que tenemos tendencia a venerar al hijo que vemos como perfecto, ¿acaso su hijo no es el más guapo?
Luego ¿no es menos cierto que un abuelo adora a sus nietos pero de forma distinta a la que amó a sus hijos? Podría explicarse por el hecho de que el abuelo ya no es el rehén que fue.
En general amamos también a nuestros sobrinos o a los hijos de nuestros amigos, pero es de corta duración y rápidamente no se aguanta lo que uno aguantaría de su verdugo, perdón quería decir de su hijo. ¿No vale la misma explicación que la del abuelo? ¿No es porque tenemos una alternativa y que nos podemos librar de alguna forma?
Cómo os dais cuenta, muchas cosas que nos sorprenden y que llamamos amor y del cual nos enorgullecemos y nos sentimos mejor personas no son tan nobles y posiblemente si no teníamos una carga de responsabilidad tan pesada intentaríamos escapar, que es lo que tendría que hacer un rehén en un secuestro si pudiese...
De todas forma es irónico pensar que somos nosotros quienes sufrimos este síndrome y que los que no miman mucho a sus niños son unos monstruos enfermos. ¿Igual son ellos que no sufren nada y por eso tienen un comportamiento totalmente sano? Es que no tengo remedio, acabo como empiezo con un poco de provocación, usted perdone...
.
domingo 24 de enero de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
.jpg)
Olivier, leyendo tu post se me ocurre que quizás te falte incluso el otro extremo, el de aquellos padres que quieren tanto a sus hij@s que permanentemente esperan de ellos algo inalcanzable, aquellos que son tan exigentes que en nombre de ese amor no son capaces de dejar que sus hijos sean como son, que tomen sus decisiones acertadas o no, que se equivquen, etc...
ResponderSuprimirPero esto daría para una larga conversación....
Desde luego creo que aquellos que miman o consienten en exceso a sus hijos hasta convertirlos en pequeños tiranos y futuros rebeldes incontrtolables, no quieren a sus hijos. Querer no es dar carta blanca.
Ya me callo ;)
Nuria
Hola Nuria
ResponderSuprimirGracias por tu comentario, y no te calles...
Tienes mucha razón, pero a la hora de la verdad te sorprendes a ti mismo y actuas de una manera bien distinta a lo que pensabas....
¿No tendrás una foto para ilustrar este post?
Un saludo, Olivier
En mi opinión, nunca se mima demasiado a los hijos, Nosotros somos responsables de su llegada a este mundo y pienso que es parte de nuestras obligaciones el procurar que se sientan lo más felices posible. Eso sí, mimar no es sinónimo de malcriar.
ResponderSuprimirGracias Manon por tu comentario.
ResponderSuprimirEstoy de acuerdo y no discuto este punto, solo reflexiono sobre la autenticidad del amor de unos padres hacia sus hijos.
Como bien dices, sentimos obligaciones y una responsabilidad enorme...(invitación a la reflexión)
Olivier