Hay malentendidos sin consecuencia, los hay con consecuencias graves e inmediatas y los hay que se instalan, sin saberlo, y que “explotarán” más tarde. De esos últimos se podrían evitar muchos aprendiendo a escuchar, a preguntar y a calibrar. ¿Ya se ve a adonde voy, no? Pues sí, de una cierta forma la “culpa” la tenemos nosotros por no ser buenos receptores. El emisor no hablará con propiedad, no será muy sincero o no estará dispuesto a hablar más de la cuenta... Nos corresponde solucionarlo!
No soy nadie en este mundo y no me considero un buen comunicador pero me canso de observar como la gente se engaña a si misma y solo escucha lo que quiere oír, incluso cuando tu intención y tu empeño en hacerte entender son evidentes.
Es increíble como hay gente que quiere oír un “Si” y si le dices “si” (o a veces simplemente por no decir “no”) cree que ha “ganado”. No le importa tu adhesión, va a creer que has aceptado. A esa gente le vendría bien aprender a calibrar a su interlocutor y a validar su adhesión. ¿Igual no son capaces? No lo creo, el problema es que no le dan la importancia que tiene y de eso se dan cuenta demasiado tarde...Luego pasa lo que pasa!
Bueno, ¿y cómo calibrar? Pues no es el objetivo de este post, pero recomendaría algo tan sencillo como entablar una conversación sin importancia (donde sabes que te van a contestar con sinceridad) y observar como el interlocutor se comporta cuando está de acuerdo contigo y cuando no (le puedes provocar un poco). Luego cuando hablarás de cosas serias, aunque te diga “si” pero que reconoces su comportamiento anterior de cuando discrepaba, puedes darte por aludido: es un “si” que quiere decir “no”...



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